Magia matutina del Día de la Madre
Se despierta y lo encuentra en la mesa del desayuno, rodeado de sus flores favoritas. Al leer cada nombre —el de sus hijos, el de sus nietos, quizá incluso el de sus queridas mascotas—, se le saltan las lágrimas. «Eres lo que nos mantiene unidos». Por primera vez en años, alguien ha expresado con palabras lo que siempre deseó que su familia sintiera. Lo coloca en la repisa de la chimenea, donde puede verlo todos los días, como un recordatorio permanente de que su amor ha sido reconocido, valorado y celebrado.









